rafa juan

La campaña electoral, sin preparación previa, sin experiencia, fue vertiginosa y fue titánico el esfuerzo realizado para explicar y difundir qué era València en Comú y qué pretendía. En este sentido, la ayuda de Podemos fue impagable, puesto que esta formación política tenía más visibilidad. En cuanto a la financiación, se reusó acudir a los bancos y se pidió ayuda a la gente, recaudándose 17.500 euros, una cifra modesta con la que se hicieron milagros. Tantos milagros que, con una candidatura formada a última hora, con una plataforma política municipalista casi desconocida y con más improvisación y entusiasmo que otra cosa, se consiguieron más de 40.000 votos y tres concejales. De hecho, faltaron 1.500 votos para tener una cuarta concejala. Estábamos en mayo de 2015. No se tardó mucho en conseguir un acuerdo de gobierno municipal con el Partido Socialista Obrero Español (5 concejales) y con Compromís (9 concejales). El Partido Popular, con 10 concejales, pasó a la oposición después de estar gobernando 24 años. También se quedaron en la oposición los 6 concejales de Ciudadanos. De las cuarenta y ocho concejalías que hay ahora mismo en el Ayuntamiento de Valencia, diez están gestionadas por València en Comú. Son Juventud, Educación, Transparencia, Participación, Innovación, Migración, Cooperación Internacional, Cambio Climático, Acción Cultural… Como se ve, son delegaciones, algunas de ellas de nueva creación, que tienen que ver con procesos de transformación a muy largo plazo. Los dos concejales y la concejala de València en Comú cuentan con un equipo de asesores cuyo proceso de elección por parte de la plataforma fue complejo y movido, pero se culminó con relativo éxito.

Al margen de los problemas, que no ocultaremos, en València en Comú estamos muy orgullosas de haber conseguido hace historia en Valencia, una ciudad con cerca de un millón de habitantes, al haber contribuido a un cambio político necesario en una institutución corroída por el autoritarismo, la arbitrariedad y la corrupción. Desde hace menos de dos años, ha llegado al Ayuntamiento de Valencia una corriente de aire fresco, la que han traído, al igual que en otras ciudades donde también ha triunfado el cambio, las ideas y los proyectos de gente muy diversa dispuesta a hacer política de otra forma no para la ciudadanía, sino con la ciudadanía. No está siendo fácil, son muchos los errores y también las resistencias encontradas, pero se está trabajando intensamente para que ese cambio tan ansiado se note y se note para bien.

Claro, que problemas hay, y muchos. Para empezar, nuestros representantes han entrado en unas instituciones cuyo funcionamiento requiere de tiempo para ser conocido, con laberintos burocráticos que cuesta recorrer, con una escasez de personal y de medios que ralentiza la ejecución de proyectos y con unas diferencias entre los socios de gobierno municipal, Partido Socialista y Compromís, que hay que saber gestionar.

Esas diferencias que hay que saber gestionar existen también en el seno de València en Comú, por supuesto, por donde ha entrado, salido y, en algunos casos, vuelto a entrar mucha gente; donde el entusiasmo inicial se ha trocado en muchos casos por desánimo, desaliento y puro cansancio. En València en Comú se camina y construye al mismo tiempo, se trabaja mucho y se debate más, se recurre tal vez demasiado al acreditado método científico de prueba y error… Y todo ello porque estamos aprendiendo y tratando de llevar a buen puerto a una organización frágil y débil, con componentes muy diversos, con intereses muchas veces contrapuestos entre quienes formamos parte de la plataforma, con personalismos inevitables, con intentos de restar más que de sumar, con dificultades, muchas dificultades, para articular un modelo operativo de trabajo. Pero ahí estamos y ahí seguimos muchas personas que creemos en la participación, la horizontalidad y la transparencia como ejes de conducta política, que creemos en el municipalismo, en cambiar lo local como la manera más eficaz para cambiar lo universal, que creemos en la gente y en su capacidad para hacer un mundo igualitario, justo y libre. En València en Comú somos diferentes y diversas y tal vez sea ese el origen de nuestras debilidades. Pero también estamos convencidas de que esa diferencia y esa diversidad es la que nos sigue manteniendo en la lucha, la que nos hace fuertes. Eso, y que, a pesar de los pesares, de las miserias y el barro que muchas veces arrastra la política, no perdemos la esperanza. Por eso seguimos trabajando en este proyecto tan modesto como desmesuradamente ambicioso que no sabemos si llegará a alguna parte. Pero estamos convencidas, como dijo el gran poeta Antonio Machado, de que “se hace camino al andar”. Y en eso estamos, haciendo camino, un camino abrupto y con demasiadas curvas, pero un sendero al fin y al cabo. De eso se trata.